Entre esquive y esquive, me he dado cuenta de que solo eso hago.
Me he dado cuenta de que lo que logro es reprimir: no sentir para no sufrir.
Limitarme a las emociones y sentimientos banales, triviales, rutinarios, monótonos, tediosos; que resultan ser los únicos inocuos.
Me aterra pensar que no estoy viviendo sino sobreviviendo, escondiéndome, huyendo; de mis temores, de mis fantasmas, de mis pasiones, de mis vicios, de mis locuras; de mi verdadero yo.
Porque eso no está bien, porque me dicen que no está bien, porque creo que no está bien; no sé por qué exactamente.
Una vida en piloto automático, una vida por el camino marcado, una vida señalizada, una vida previsible; ¿una vida?
Sé que soy un afortunado, sé que no sé exactamente cuán afortunado soy, sé que quiero amar, sé que quiero enloquecer, sé que estoy aburrido; ¿sé algo en realidad?
¿De qué sirve saber sin poder actuar? ¿O sin querer actuar?
Solo creo que algo está mal. Algo me está diciendo, y no lo logro entender.