Un ángel se estira para acariciar mi nuca,
me doy vuelta, desorbitado, y libero un suspiro de tedio al ver que sólo hay sombras en la habitación.
La mañana empapa mis pestañas, parece que debo dejar el nicho... Bostezo y analizo mi baraja, mis cartas. Parece que no hay comodines. (¡Maldita racha! )
Atisbo tu cuerpo entre las sábanas,
sonrío y me dirijo hacia ti.
Me enredo con tu aroma, persisto, pero luego resigno,
ni tan sorprendido ni tan desilucionado,
pero con tu ausencia al fin.
Viento, hijo de natura, mensajero del cielo, amaca del mar, chispa forestal: ¡amotina mi ser!, ¡apacigua mi sangre!, ¡duerme en mi pecho!, ¡grita en mis sueños!; y, por favor, ¡tráela conmigo!